Nº 3369

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Martes 21 de Noviembre de 2017


ISSN 1982-1601



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Priego de Cabra

José Antonio Rodríguez

Jueves 11 de Junio de 2015





Aquella, la del 24 de mayo, en el número dos de la Urbanización Francisco Molina, fue una noche electoral de palabras agudas cargadas de intensidad; palabras como información, fluctuación, agitación, emoción, consecución, felicitación y celebración. Porque la última papeleta, la que cerró la votación y abrió la primera urna del recuento, anunció un concluyente relato; narrado, poco a poco, por las expresivas sonrisas de los interventores y apoderados que regresaban desde los colegios electorales a la sede del partido con la noticia de lo votado: La candidatura a alcalde de Fernando Priego, por el Partido Popular, ha obtenido catorce de los veintiún concejales del Pleno del Ayuntamiento de Cabra.
 
Pero, qué lleva a siete mil dos egabrenses, de un total de once mil setecientos ocho, a elegir con mayoría absoluta a un mismo candidato; confiándole durante cuatro años el gobierno del ámbito territorial más cercano, el de la ciudad. Más aún, cómo sucede esto cuando, precisamente, las circunstancias son claramente adversas para el partido político por el que se presenta. La respuesta a estas preguntas está, evidentemente, en lo ocurrido en los cuatro años anteriores.
 
En las municipales del 2011 Cabra decidió el fin de las mayorías alternativas de los partidos andalucista y socialista. Determinando, por primera vez, un gobierno local con mayoría relativa del partido popular. Afrontaba, ese año, el ayuntamiento de Cabra un ejercicio económico muy complicado, casi angustioso se dijo, por una perversa conjunción de factores previos; así, un cierto descontrol en el gasto municipal, la acometida de inversiones viables pero poco oportunas y un endeudamiento que intimaba con suspender la prestación de servicios básicos, se combinaron con la recesiva crisis económica que soportaba toda España. Y averiada la pieza esencial de la economía, todo el motor municipal tendía a paralizarse.
 
Entendió, con buen criterio, Priego y su equipo de gobierno, en el que recayó la responsabilidad de gestionar las áreas económicas críticas, que gobernar con miras al futuro supone centrarse en el presente, y aquel presente, hoy felizmente pasado, no pintaba nada bien. Con la perspectiva que da el tiempo conocemos que pocas o ninguna iniciativa que supusiese aumento del gasto o ampliación presupuestaria hubo en la primera parte del mandato, que se fue en implementar actuaciones de acuciante carácter corrector para superar la situación.
 
Una vez embridada la economía local, Fernando Priego ha dedicado el resto del encargo a poner en práctica los proyectos recogidos en su programa electoral. Parece esto, y debería serlo, una simple cuestión de coherencia política pero, visto lo visto, en nuestro tiempo es más una rareza. Proyectos como, la actuación en el barrio de la Villa, en las Huertas Bajas o la emblemática “Ciudad de los Niños” son la muestra y comparten, en común, los rasgos de su reducido tiempo de ejecución y que van dirigidos al inmediato uso y disfrute ciudadano. Mejorando de manera efectiva y efectista el desenvolvimiento cotidiano.
 
Contada la legislatura así, de modo muy resumido, no parece que haya grandes proezas. Sí, en esencia, una estudiada, planificada y sensata gestión, con pocas improvisaciones.
 
Aunque si fiamos y ceñimos estrictamente el éxito electoral del PP, en Cabra, a la gestión del gobierno municipal durante el cuatrienio previo al 24 de mayo, corremos el peligro de que (como dice el romancero) “Con la grande polvareda perdamos a Don Beltrán”. Es decir, que perdamos la verdadera realidad subyacente al omitir la gran empatía que el pueblo de Cabra tiene con Fernando Priego, una cercanía que el alcalde, hoy candidato a punto de ser nuevamente investido, ha sabido conseguir. Acaso, anteponiendo las personas a la ideología, posiblemente prometiendo solamente lo que puede ser cumplido y cabe que escuchando a todos siempre.
 
Tal vez dos escenas de la campaña electoral desvelen, como las piezas de un puzle dejan ver, al encajar, la imagen que componen; el fundamento último de la victoria de Fernando Priego. Me comentaron que en uno de esos paseos electorales del candidato, con música, bandera y acompañamiento por los barrios de Cabra; un hombre, de edad avanzada, sentado a la puerta de una vivienda, al percatarse de que el alcalde visitaba su barrio, alejado del centro, con la lentitud propia de los años y salvando al séquito, le confió: "Hombre usted es el alcalde, nunca ningún alcalde vino por aquí, yo le estoy muy agradecido porque esto ha mejorado mucho y quería decírselo, nadie antes se había ocupado de hacer nada aquí". En otro, una mujer le piropeo: "cómo puedo odiar tanto al partido popular y quererte tanto a ti". Seguro que ninguna muestra demoscópica recoge, por sus perfiles, a uno y otro como votantes del Partido Popular. Pero es que no votaron al PP, votaron a Fernando Priego como su alcalde. Ellos, ellos son los que dijeron que es Priego de Cabra.

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